Las recientes amenazas que han recibido dirigentes políticos españoles son la consecuencia de un discurso político que busca la crispación social, hilando en el panorama político y mediático de los últimos años. A diario, vemos cómo nuestros representantes se faltan al respeto en los medios de comunicación y en los debates parlamentarios. Da la sensación de que no pasa una semana sin que se haya producido algún espectáculo bochornoso o asistamos a una grotesca exhibición mediática , sobre todo en tiempo de elecciones. 

Hemos normalizado, sin quererlo, lo que no debe ser normal. Las faltas de respeto, los insultos, los desplantes y las humillaciones son cada vez más frecuentes entre nuestros representantes, que son quienes deberían de dar ejemplo. Se ha convertido el debate sobre propuestas e ideas en ataques personales entre nuestros dirigentes.

Toda esta falta de diálogo surge como consecuencia de dividir la sociedad para sacar un rédito político. Y qué mejor manera de hacerlo que con un “ellos» (muchas veces catalogado como enemigo) y un»nosotros”. Todo esto acompañado de un marketing político poco ético donde se utilizan la ira, el miedo y el odio para obtener escaños en el parlamento. 

Este tipo de discurso supone un peligro para la democracia y la convivencia, y termina llevando a la falta de entendimiento entre todos nosotros. Corremos el peligro de que surjan, con más frecuencia, actos violentos. El libre y plural debate entre ideas diferentes no tendría que ser visto como ocasión para la hostilidad, sino como una oportunidad de  enriquecimiento de nuestra sociedad.

Esta intransigencia y falta de diálogo tiene que terminar. Debemos dar paso al uso de un lenguaje respetuoso, inclusivo y constructivo para que nunca más tengamos que presenciar este tipo de actos que minan nuestra democracia.

Por
Juan Manuel Rivero