Preparados para un mundo que ya no existe

Todo el mundo tiene su propia percepción del mundo. Todo el mundo tiene una lista de buenos y malos, así como un imaginario sobre cómo es el mundo. ¿Pero qué pasa cuando esa percepción empieza a ser contraproducente para nosotros? Este es uno de los mayores problemas que tenemos por una simple razón.

Desde la entrada en el nuevo siglo los cambios han empezado a sucederse cada vez de manera más rápida y compleja. Y lo que es peor, en direcciones que nadie esperaba.

Miremos el mundo tal y como era cuando nacimos los Millennials, que somos los que estamos sufriendo el cambio de manera más aguda: Un mundo que había abandonado la bipolaridad, en el que el “American way of life” era el ejemplo a seguir, en el que los alternativos eran poco más que frikis nostálgicos de alguno de los fracasos que habían precedido al mundo unipolar…

Los tiempos de la Pax Americana.

Tiempos felices de miel y risas en los que siempre habría un “american hero” bruto y malhablado pero de buen corazón para salvar el día. De una “Tierra de Oportunidades” que había impuesto un Orden Mundial del que se beneficiaba tanto él como sus Estados Clientelares. Un mundo en el que EEUU era el ejemplo de cómo hacer y gobernar un país. Un mundo en el que aquellos regímenes disidentes eran visto como reliquias del pasado o piezas de un domino que tarde o temprano caerían por la acción y el ejemplo del “Mundo Libre” y su genial orden basado en Democracia, Libre Mercado y películas de Hollywood.

Entonces ocurrió. Todos vimos en directo el canto del cisne de EEUU gracias a las herramientas culturales que había desarrollado para controlar toda su esfera de influencia, e incluso más allá. El vuelo 175 de United Airlands, un Boing 767, embiste la Torre Sur del World Trade Center. Lo que la prensa aún decía que podía ser un accidente se convirtió en la primera prueba de que esa ilusión de que habíamos llegado al Fin de la Historia no era más que humo.

Todos vimos en riguroso directo como acabó el Siglo XX y empezó el Siglo XXI. Las consecuencias no tardaron en hacerse esperar. Vimos la ira imperial en Afganistán e Irak. Vimos cómo el poder de EEUU alcanzaba cada rincón del mundo. Pero nadie vio algo mucho más trascendental.

¿Alguien se ha preguntando en qué se cimienta el poder de los EEUU?

En el comercio. EEUU impuso un orden en el que se beneficiaba del comercio mundial tras la Segunda Guerra Mundial. Los que en la práctica eran sus Estados Clientelares también se veían beneficiados por la protección e inversiones que procuraban los EEUU. Un auténtico Win-Win para todos que sólo la URSS y sus satélites se atrevieron a desafiar, con amargo resultado. Tras la inevitable, y predicha por muchos, Caída de la URSS, el sistema americano era la única alternativa viable y todos salimos beneficiados de ella. El hambre, la pobreza e incluso las guerras eran cada vez más escasas en un mundo cada vez más preocupado del comercio que de los ideales. Hasta la maoista China vio que no importaba el color del gato y se cambió de bando.

Para este mundo es para el que estaban preparados todos nuestros líderes y comunicadores. Las estructuras mentales de la mayoría de la gente se adaptan a este mundo unipolar. Sólo hay un pequeño problema. Ese mundo ya no existe.

La Pax Americana provoco un aumento generalizado de la renta de toda la población mundial y el desarrollo de gran parte del mundo, con especial énfasis en Asia durante el final del siglo.

La superioridad económica y tecnológica de Occidente respecto al resto del mundo fue, poco a poco, viéndose reducida. EEUU y los Estados Europeos habían dominado el mundo durante prácticamente 400 años sin ningún problema teniendo sólo la competencia mutua como único impedimento.

La Red de Redes explotó. Internet empezó a entrar cada vez con mayor fuerza en los hogares de todo el mundo. Primero de los países más ricos para ir pasando poco a poco a los más pobres. Al principio era poco más que una curiosidad, un pasatiempo o una fuente de información, pero poco a poco acabaría cogiendo un poder que rivalizaría con los tradicionales medios de masas. Las que ahora conocemos como Big Tech empezaron a acumular poder mientras no mirábamos y mientras a nadie parecía importarle.

A nadie parecía importarle que al otro lado del Limes empezaran a aparecer gigantes. A nadie parecía importarle la caída de la credibilidad de la prensa. A nadie parecía importarle el ambiente de descontento con los políticos que precede a la polarización política.

Hoy nos parecen problemas serios que deben de solucionarse, pero nuestros líderes siguen preparados para un mundo que ya no existe y dan respuestas que ya no sirven. Una mezcla de idealismo caducado y respuestas preprogramadas que solo alimentan el descontento y la polarización. Polarización que ataca como las termitas a las bases de nuestros sistemas políticos y que lo ponen en peligro.

A nadie parecía importarle que aquel sueño de la multiculturalidad estuviera fracasando y grandes capas de inmigrantes fueran incapaces de integrarse en nuestras sociedades. Sociedades a las que habían venido por la riqueza y oportunidades de estas.

Tenemos un problema. Casi nadie se está preparando para el mundo del mañana. Y de los que están preparados, ninguno parece estar en ninguna estructura de poder.

China ya tiene su propia esfera de influencia, Rusia quiere recuperar la suya, Internet ha destruido la credibilidad de la prensa y creado grietas en el sistema democrático aprovechando las contradicciones del propio sistema.

¿Y qué hacemos en la Vieja Europa? Aquí seguimos soñando con glorias pasadas, muchos apuestan por soluciones en la vieja soberanía (cuando no en el separatismo) y piensan que su país puede quedarse firmes en la soledad o recuperar la influencia de tiempos pasados…

Sueños que beben de la nostalgia de un mundo que ya no existe. Que usan el fuego del populismo para impulsarse y que, tarde o temprano, se estrellaran contra el duro muro de la realidad.

¿Pueden los pequeños países de Europa pintar algo en soledad? Muchos dirán que sí. Que recuperaremos la soberanía nacional, la industria y el prestigio si seguimos su guía (con esos populistas al mando, claro está).

Tenemos la increíble suerte de que ciertas mentes preclaras tras la guerra que destruyó el continente crearon el germen de una unión que había parecido hasta entonces imposible de realizar. De aquella técnica CECA (Comunidad Europea del Carbón y el Acero) hasta la actual Unión Europea han pasado muchas cosas. Pero una está clara y todos lo hemos vivido. Hemos creado la mayor zona de estabilidad y desarrollo de la Tierra. Somos, literalmente, el mejor sitio para vivir en el mundo. Incluso si nos vamos a sitios no tan buenos en la Unión Europea.

¿Qué opciones tenemos en el Viejo Continente? Pues en el mundo cada vez más multipolar en el que vivimos vamos hacia un mundo de esferas de influencia. Todos los grandes países van a tener su esfera de influencia, ya sea con el beneplácito de los influenciados o sin él.

Los “Amigos de la Soberanía” piensan que harán su país grande de nuevo, pero como dice cierto dicho: “Sólo hay dos tipos de países en Europa. Los pequeños y los que no saben que son pequeños”.

Y no lo digo por decir. España, el cuarto país de la Unión Europea, sería la catorceava provincia por población en China. La propia California, estado de los EEUU está al nivel de los grandes países europeos.

¿En serio ir solos funcionaría en el mundo de gigantes al que vamos? Tenemos una salida. Podemos ser verdaderamente soberanos en vez de aspirar a ser los clientes de algún gigante. Podemos tener nuestra propia esfera de influencia en vez de formar parte de alguna esfera de influencia ajena. Podemos pintar en el mundo y ser tan grandes como una vez fuimos, pero para ello tenemos que estar unidos.

Escribo esto desde España y sé que en el peor de los casos acabaría en la esfera de influencia de los EEUU, pero me acuerdo de las Repúblicas Bálticas y me siento afortunado. Moscú es un amo mucho más cruel.

Podemos escuchar el canto de sirena de los populismos. Emocionarnos con las grandes gestas de nuestros ancestros. Soñar con tiempos más simples. Pero ese es un camino que nos llevará a unas cadenas. Las cadenas de la dependencia, de seguir siendo un Estado Clientelar de la verdadera potencia de turno. Si queremos ser verdaderamente soberanos, si queremos pintar en el mundo, si queremos que nuestra voz sea escuchada, en el mundo, si queremos evitar que compañías extranjeras hagan lo que quieran en nuestro suelo, si queremos vivir según nuestro modo de vida y defenderlo sólo tenemos que seguir una bandera azul con doce estrellas.

@Sr Gomas, un (ya no tan) joven vasco interesado en la política desde que vi el mundo cambiar el 11-S. Vi cambiar el mundo y desde entonces me pregunte cómo funciona todo. Europeista, liberal y pragmático que quiere poner su granito de arena para mejorar las cosas.