Cómo arreglar la Unión Europea en el 40 aniversario de la Constitución Española

Si algo nos ha demostrado la Constitución Española en estos 40 años es que solo desde el consenso es posible la construcción de una democracia duradera. España celebra cuatro décadas de Constitución rindiéndose ante un documento que, aun siendo imperfecto, sigue siendo nuestra mayor garantía como país ante el mundo. Gracias a ella, hemos disfrutado la mayor época de prosperidad de la historia de España. Nos hicimos europeos con ella. Nos convertimos en demócratas por ella. Y ahora nos toca hacerla aún más grande.

Somos el resultado de una Europa que supo también aparcar sus diferencias en pos de un sueño. Una idea. Lo que hoy conocemos como Unión Europea no es más que otro proyecto nacido del consenso, también imperfecto, y que hoy nos toca refundar para superar los retos que vienen. Ayer tuvo lugar el mayor debate transnacional desde la fundación de Volt. 40 ciudades de 12 países nos reunimos simultáneamente para debatir sobre “Cómo arreglar la Unión Europea”. El equipo de Volt España también estuvo allí. Nuestra Unión se debilita por aquellos que quieren construir muros y romper lo que un día nos hizo ser ejemplo de convivencia, de tolerancia y de progreso.

Nos encanta Europa, pero Europa necesita un cambio para ser más fuerte. Refundarse para ser más democrática y participativa. Por eso nacimos, para que el proyecto de la Unión Europea no se desmorone por aquellos que prefieren caminar en solitario. Somos la respuesta de los jóvenes (y no tan jóvenes) a los populismos y nacionalismos, pero necesitamos más personas para que esto marche adelante. Porque el futuro no es mirar atrás, sino caminar juntos.

La Constitución Española nos ha traído la mayor época de prosperidad de la historia de España. Nos acercó a Europa, a la Europa democrática. Y junto con la UE, hemos disfrutado de la mayor época de paz de la historia de Europa. Constitución y Unión, dos batallas épicas que no habríamos superado sin el respaldo de una sociedad ávida de progreso. De padres y abuelos que renunciaron a muchas cosas para trabajar por lo que les unía. De una generación de hijos que nacieron sin el peso de la guerra, ni las dos Españas.

Somos hijos de dos grandes momentos que, sin haberlos vivido en primera persona, los podemos considerar como propios. Dos hazañas colectivas, la Constitución y la Declaración de Schuman, que nos llevan a hombros hacia un proyecto que pide más unión. Ahora, la Constitución y la Unión Europea deben adaptarse a la España y la Europa de 2018 — en breve 2019 — para afrontar otros 40 años de prosperidad y convivencia, sin olvidar que en democracia las libertades no vienen dadas: se batallan y se conquistan cada día.

Hoy en día ya hay más de un millón de “niños Erasmus”, hijos de parejas que un día se marcharon para estudiar y acabaron formando una familia con otro miembro de la UE gracias a la libertad y a las políticas de Educación que disfrutamos como Unión. Hoy, como hace 40 y 60 años, somos nosotros los que tenemos que liderar el cambio.

Como decía Platón: “El precio de desentenderse de la política es ser gobernado por los peores hombres”.

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